A contracorriente
Hoy no es miércoles pero sí es día de re-introducción
Pienso mucho en la contracorriente. Hace años, cuando tuve a mi primera hija, una amiga que tuvo bebé al mismo tiempo me dijo que así se sentían sus días; como si fuera navegando a contracorriente en un barco que estaba a punto de hundirse.
¿Estábamos bien? ¿Lo estábamos haciendo bien? Estas eran las preguntas que consumían nuestra cabeza con cada decisión (grande y micro) entre temas de la casa, la maternidad, el trabajo y la vida personal.
¿Cuál vida personal?
No pretendo hablar de la maternidad como si solo yo la hubiera experimentado por primera vez. Sin embargo, sí fue una evolución radical en mi manera de ser, de pensar y de llevar la vida. O, como dice esta misma amiga, fue la dosis de humildad más grande de la historia.
Tiene un punto.
Si regresamos a las imágenes mentales, tener un bebé es como recibir un “guacalazo” (término que ya se encuentra en la RAE, muchas gracias) de agua fría. Fue volver a nacer y esta vez, más en sintonía con la feminidad, con lo importante y en especial con lo relevante del rol que juega la mujer en el mundo contemporáneo.
Me aferré a la narrativa como un estilo de vida para tratar de darle sentido a mis días oscuros. Poco a poco, a través de libros, análisis de mercadeo y storytelling, la oscuridad se fue pintando de gris hasta llegar a una claridad mental (y emocional) que se sintió como un respiro de aire fresco.
Entendí que la forma en la que nos expresamos, la forma en la que contamos lo que nos pasa y la flexibilidad que tenemos para modificar nuestra entrega del mensaje son opciones que tenemos siempre a la mano.
Eso es un gran poder.
Porque no es lo mismo usar los ojos (que nunca mienten) y las manos para contar una historia que escribirla en una computadora en Times New Roman 12 pt. Las pausas, la cadencia, el ritmo (o falta de) son todos ellos elementos de las narrativas que nos rodean.
Desde la moda hasta el club de lectura de nuestras amigas, escribir, leer y narrar en el 2026 se siente como un renacer femenino en donde las mujeres estamos en una búsqueda épica de espacios de convergencia.
De conversación.
De entretenimiento.
De seguridad.
Gracias a la narrativa, la contracorriente cada vez se siente menos fuerte y menos en contra. A pesar del sinfín de peros y limitantes que de igual forma se presentan a diario, la delicia del storytelling es que ayuda a reconocer que no todo es el fin del mundo. Es más, casi nada lo es.
Por eso creé este espacio en un principio: como ejercicio de escritura personal, sí, pero también para ver si obligarme a ponerle palabras a mis ideas me acercaba un poco más a la tranquilidad.
Después de casi 180 semanas de escribir todos los miércoles, puedo confirmar que sí, la narrativa tiene ese don que solo se siente como un superpoder si se pone en práctica constantemente.
Esta es una reintroducción a La Tintorera porque, como todas las mujeres en la literatura y probablemente en la vida real, nuestro rol evoluciona en cada etapa y nos transformamos en personas nuevas.
Así que, si te gustó este monólogo, en mi columna podemos continuar como conversación y diálogo.
Xx,
Irene



