#180: ¿Hablamos mal?
Pregunta existencial
Leo en inglés, canto en inglés, muchas veces pienso en inglés y aun así, ayer, cuando le hablé a un amigo en inglés, no me encantó la cantidad de pausas que tuve que hacer para comunicarme como sonaba en mi cabeza.
Ser bilingüe es un privilegio, sí, pero también tiene un costo; el de comunicarse a medias cuando queremos comunicarnos con totalidad.
La semana pasada cené con varios amigos (todos bilingües y con el Spanglish como lengua materna) y hubo palabras inventadas en un intento de español moderno con una mezcla de traducciones que se quedaron en construcción.
Estos amigos se morían por salir en La Tintorera de esta semana.
Pero dejando a un lado que fue motivo de broma lo “mal” que hablamos en español, la realidad es que hablar más de un idioma tiene sus desventajas menores.
Por ejemplo, pensar en inglés y hablar en español puede provocar pausas prolongadas mientras hablamos en lo que traducimos la palabra que queremos en el contexto adecuado. O también podemos mezclar reglas de gramática a la hora de hablar porque estamos pensando en un idioma y expresándonos en otro.
No es que “hablemos mal”, es que estamos haciendo un “cambio de código cognitivo” en donde la mente va a una velocidad y la conversación a otra. Esto también se puede llamar “recuperación léxica” lenta, en donde estamos tratando de encontrar la palabra correcta en el idioma de turno.
Fui víctima de esas pausas en la llamada de ayer cuando tuve que explicar un concepto en inglés que solo había explorado y expresado en español.
En la universidad, por ejemplo, tomé francés como tercer idioma e incluso tuve que tomar 8 clases de psicología en francés durante mi intercambio de carrera en Francia durante seis meses. Podía hablar, escribir y leer sobre Freud y Lacan, pero si me paraban en la calle a preguntarme direcciones, me tardaba tanto que la gente seguía caminando.
Mi lenguaje en francés tenía “código de psicología”, pero no tenía “código casual”. En cambio, mi inglés en su momento tenía “código casual y automático” y mi español estaba en velocidad secundaria.
Ahora que vivo y hablo en español, el inglés pasó a un rol secundario y el francés decidió encerrarse con llave en el cajón más lejano de mi archivo mental.
Pero bueno, no pasa nada.
Lo importante es seguir riéndonos de lo que decimos y descifrar cómo expresarnos mejor, porque saber más de un idioma nos permite entendernos a niveles más profundos que si solo habláramos español.
Eso es todo por hoy. Nos vemos el próximo miércoles a las 7am, hora GT.



